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Superar un cáncer también es algo físico: los tatuajes como final de etapa

  • Foto del escritor: Anne Garea
    Anne Garea
  • 21 may 2022
  • 6 Min. de lectura

Cada vez son más las mujeres mastectomizadas que recurren al tatuaje de pezón y areola para recuperar la autoestima que el cáncer de mama les ha arrebatado

Imagen: Trabajos realizados por Jero Tattoo


Una mujer. Una piscina. Un bikini. El socorrista se acerca a ella: “Súbete el traje de baño”. Ella mira su pecho, se da cuenta. Se le ve el pezón y, con ello, su bonita areola dibujada. Él y el resto de personas no se han dado cuenta. Ella no sabe si reír o llorar. El tatuaje que le realizó Gorka hace unos meses es tan realista que ella lleva tiempo feliz y orgullosa. Como esta, Gorka Fernández ha escuchado y sentido cada historia que sus usuarias le han contado entre lágrimas y sonrisas. Fernández, tatuador y piercer en Sangre Real Tattoo, es uno de los profesionales que realiza de forma solidaria tatuajes de areolas y pezones en mujeres que han sufrido una mastectomía a causa del cáncer de mama. Según la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora (SECPRE) son más de 16.000 las cirugías que se han efectuado para extirpar la mama completa: tejido mamario, areola y pezón. El pecho se convierte en un bulto. En él hay marcas y cicatrices imborrables. Incluso en ocasiones, a ese bulto se le une otro tipo de cicatriz menos visible pero claramente dolorosa: la cicatriz psicológica de ya no ser la misma.


“Hoy día me miro al espejo y sigo viendo mi cicatriz horrorosa, está ahí, no se puede quitar, es imborrable. Hay veces que necesitas un psicólogo. Yo me adapté a la situación. Fui dando pasitos hasta quererme como yo soy. Veo mi cicatriz de guerra y digo: Ya está. Estoy aquí para contarlo”, reconoce una voz femenina. Ella es Inés Sánchez, y finalizó la lucha del lazo rosa hace 8 años. Seguía viva. Estaba aquí para contarlo. Pero ella “ya no era la misma”. “Te tienes que mentalizar que igual que antes nunca va a quedar”, se sincera, refiriéndose así a su pecho. Según SECPRE, de las 16.000 mastectomías se reconstruyen 4.800; una reconstrucción mamaria que busca restaurar el volumen, la forma y la simetría de la mama. Con el pecho ya sometido a la armonía y perfección impuesta por la sociedad o sin él, todas ellas después de la mastectomía carecen aun así de areola y pezón.


“Cuando te tatúan el pezón es diferente, cambia la perspectiva, es la guinda del pastel”, dice Inés Sanchez, antigua paciente de cáncer de mama

Hace más de 6 años que Jerónimo Velasco, uno de los propietarios de Jero Tattoo, ofrece también un apoyo visible y gratuito en el cuerpo de las mujeres. Él y su compañera Esther Berbería ayudan psicológicamente a que las mujeres mastectomizadas recuperen parte de su autoestima a través de la creación de tatuajes artísticos sobre las cicatrices o la recreación de la areola o el pezón. “Te detectan un cáncer de mama. Primero, quimioterapia. Luego radio. El pelo. Pasa el tiempo. La incertidumbre de no salir de esa. De repente te quitan un pecho. Te operan. Pasa el tiempo. Estás bien. Estás viva. Pero no tienes pecho. Lo llevas mejor o peor, pero existe la opción de tatuarse el pezón y la areola. Está la opción de volver a verse como era antes. Vienen al estudio. En el antes y el después hemos vivido situaciones en las que siempre salimos con lágrimas... Se miran al espejo y dicen: soy un poco más yo”, rememora Velasco.


El tatuaje como un nuevo comienzo

Las mujeres que han pasado por una mastectomía buscan con más frecuencia la posible solución a la confianza en ellas mismas. Concretan una cita en el estudio o clínica. Comienza la valoración con el profesional. ¿Cuántos meses han pasado desde la operación? ¿Cómo está la piel? ¿Qué pigmento y aguja se va a utilizar? En definitiva, “lo principal es valorar la piel para saber que tipo de trabajo se puede hacer”, asegura el Gorka, el tatuador de Sangre Real Tattoo. “Hay reconstrucciones que igual tienen cicatrices muy fuertes, y ahí por mucho que tatúes lo único que vas a hacer es abrir herida: no va a quedar la tinta. Hay veces que se dice que no. Si no se puede hacer la reconstrucción de areola, igual lo que sí se puede hacer es un tatuaje artístico. Es decir, disimularlo a través de un dibujo”, explica. Además de la valoración de los tatuadores, algunos centros piden incluso la aprobación del oncólogo, la aprobación definitiva de que esa piel es “apta para tatuarse”. Las mujeres que reciben el sí por las condiciones de su piel acuden a la sesión que dura una hora y media. Tensión. Delicadeza. Ganas. Areola y pezón terminado. “No siempre con una sesión vale. Depende mucho de cómo esté la piel. Les hacemos venir al mes y medio para ver como ha quedado”, explica Gorka Fernández.


Son Jero Tattoo, Sangre Real Tattoo, Maria Nefer Estética, Psychodoll Tattoo Studio y otros 26 estudios más los que realizan de forma solidaria a nivel nacional el Tatuaje Solidario Cáncer de Mama. Fue Jerónimo Velasco quien en el año 2016 tuvo la idea de anunciar todos los estudios donde llevan a cabo los tatuajes de areolas y pezones de forma altruista en una única web: https://www.jeronimovelasco.com/tatuaje-solidario/. “Hay gente joven que se maneja muy bien con las redes sociales, pero hay gente mayor que le dices que se meta en una concreta página web y se pierden un poco. Este es un punto de encuentro donde simplemente pongo la información de contacto de otros centros que realizan esta labor de manera gratuita y solidaria”, explica su propio fundador.


Son muchas mujeres, más de 300 en el estudio de Jero Tattoo, las que han tenido que recurrir a la solidaridad ante la falta de ayuda de la propia Seguridad Social o los altos precios, entre 300 y 500 euros (por tatuar un solo pecho) que ofrecen diferentes clínicas. “No me entra en la cabeza como la Seguridad Social tachaba esto como estético, como que no es importante. Psicológicamente, para una mujer, verse como mujer, creo que es muy importante”, se lamenta Jerónimo. Sin embargo, la reconstrucción y micropigmentación de pezón y areola forma parte de la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud desde hace 3 años. Los hospitales públicos cuentan desde 2019 con un plazo de 5 años para incorporar este servicio: áreas especializadas a cargo de profesionales idóneos que realicen el tatuaje.


María Ángeles Romero, gerente de AECC Murcia: “En los hospitales no se hace, es un servicio que todavía la Seguridad Social no lo presta, por lo menos aquí en Murcia”

El 22 de octubre de 2019, la Comunidad Autónoma Vasca anunciaba que las pacientes mastectomizadas podrían tatuarse el pezón y areola en los propios hospitales para completar así la reconstrucción mamaria. En cambio, son la mayoría de los hospitales nacionales los que todavía no han incluido este servicio a su cartera. “En los hospitales no se hace, es un servicio que todavía la Seguridad Social no lo presta, por lo menos aquí en Murcia”, asegura María Ángeles Romero, gerente de la Asociación Española Contra el Cáncer en Murcia. Hace 3 años que comenzaron un proyecto piloto, único a nivel nacional, para suplir las necesidades de las mujeres murcianas. “Se autorizó por parte de la Consejería de Sanidad el poder tener aquí una consulta para la realización del tatuaje del pezón de la mamá. Es un servicio de la Asociación Española Contra el Cáncer autorizado en nuestra sede. Nosotros le pagamos al tatuador, pero para la mujer es gratuito”, explica Romero.


Un paso más

Tatuajes solidarios, asociaciones, pero también clínicas privadas de tatuajes para quienes lo prefieren. “Me enteré de que por ser socia de la Asociación Cáncer de Mama y Ginecológico de Bizkaia (ACAMBI) la clínica de tatuajes de Sara Ortuzar ofrecía un descuento. En aquel entonces la Seguridad Social no lo cubría, te lo tenías que pagar sí o sí. Podías encontrar alguna página web que lo hiciese de forma altruista, pero no me iba a desplazar”, dice Inés Sánchez.


Independientemente de dónde se realicen el tatuaje de areola y pezón, este es un paso más, según profesionales y pacientes, para su completa recuperación tras el cáncer de mama. “Vas viendo que de la nada va saliendo algo. Lo intentas perfeccionar un poquito para sentirte más a gusto contigo misma, no por la sociedad”, reconoce Sánchez. Esta vez, es una mujer. Su nieta. Una mama. Y el pezón. La nieta se acerca a su abuela: Solo tienes una teta, solo tienes una cosita. “Para esa nieta, el hecho de que su abuela no tenga el pezón significaba que eso no es una teta. Y es verdad, no lo es. No lo ves igual. Cuando te tatúan el pezón es diferente, cambia la perspectiva, es la guinda del pastel. Porque un pastel sin guinda, no es pastel”, concluye Sánchez con una de las historias que ha escuchado y también sentido.

 
 
 

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